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Jueves, 18 de octubre de 2018

Sandra López
Sábado, 28 de julio de 2018
OPINIÓN

APOYO A LOS CUERPOS Y FUERZAS DE SEGURIDAD Y CONDENO LA VIOLENCIA Y EL RACISMO. ROJA, PERO NO INSENSATA.

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Dicen que no hay nada más indigno e irresponsable que hacer uso partidista cuando ocurre una tragedia propia de un asunto de Estado, más bien Internacional. La inmigración lo es y la única forma de hacerla frente es con unidad, firmeza, coordinación, pero sobre todo con humanidad y rigor.
Los y las socialistas hemos apostado siempre por una inmigración ordenada y regular, vinculada a las necesidades de nuestro mercado laboral, con igualdad de derechos y deberes para toda la ciudadanía. Cuando gobernamos supimos construir un nuevo modelo de gestión de la inmigración integral, flexible y eficaz que nos permitió controlar los flujos de inmigración irregular y desarrollar instrumentos (cupos, contingentes, catálogo de profesiones de difícil cobertura) que facilitó la llegada legal de inmigrantes, vinculándola a nuestra capacidad de acogida, de acuerdo con las cambiantes necesidades de nuestro mercado laboral. 
Uno de los mantras repetidos por el Partido Popular, Juan Bravo lo sabe muy bien, ha consistido en acusarnos de provocar un "efecto llamada". ¿Sabe Bravo que entre 1996 y 2002 se hicieron cuatro regularizaciones masivas que sumaron entonces cerca de medio millón de personas? ¿Sabe Bravo que el Gobierno del Partido Popular dejó una bolsa de inmigrantes irregulares cercana al millón de personas trabajando en la economía sumergida y en condiciones deplorables y que fue el Gobierno de Zapatero quien normalizó la situación de 575.000 trabajadores que pudieron cotizar a la Seguridad Social y así pagar los impuestos?
¿Sabe Bravo que el año pasado entraron, en otro asalto masivo, 500 inmigrantes por el Tarajal? ¿Sabe Bravo que las llegadas de migrantes se duplicaron en 2017 respecto al año anterior, donde más de 21.468 consiguieron llegar a España en cayuco, 5.473 a través de fronteras terrestres, y que unos 3,116 murieron ahogadas en el Mediterráneo?  Por cierto, el año con menos llegadas fue 2010, con 3.632.
Así que, ¿de verdad está diciendo el señor Bravo que el Gobierno del PSOE es un Gobierno irresponsable y que por culpa nuestra Marruecos no pone medios?
Lo creía más inteligente.
La miseria no entiende de colores políticos y si por alguna casualidad Marruecos está dando un aviso por algo es responsabilidad de alguien que se dedica a la política y quiere velar por los derechos de todas las personas, arrimar el hombro y no zarandear la típica verborrea de la pataleta de alguien que no ha entendido nada. 
Y para colmo el Partido Popular saca una nota de opinión acusando a la Delegada del Gobierno de mentir cuando la Policía Nacional en Ceuta perdió casi cien agentes en siete años y el PSOE lo incrementó en un 64% desde el 2004.  
Y es aquí cuando quiero hacer una parada para solicitar de una vez por toda que dejen de manipular con los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, con la bandera, con el patriotismo, en definitiva, con España.
Querer una política migratoria acorde a los Derechos Humanos no es lo mismo a no apoyar a nuestros agentes, condenar la violencia en la frontera no es lo mismo a criminalizar a toda una población con comentarios xenófobos, racistas e imposibles de tolerar en una democracia como la nuestra. Y decir que la violencia a veces es usada erróneamente para cumplir un objetivo no es sinónimo a no lamentar lo que le ha ocurrido. La policía o la guardia civil a veces utilizan la fuerza o los materiales antidisturbios para impedir una avalancha, la concertinas que cortan son medidas disuasorias, y en ninguno de los casos el fin es hacer daño sino cumplir una misión. Pues algunos inmigrantes, después de haber pagado todos sus ahorros a las mafias y llevar años para alcanzar la frontera, aunque hay muchos que se quedan en el camino debido a que el precio que pagan por alcanzar la tierra prometida es su propia vida, usaron estas nuevas medidas violentas no para hacer daño, sino para buscar una vida mejor.
En estos días siento vergüenza de cierta parte de la población, esa que acostumbra a hablar de invasión, esa que no se ha parado ni por un momento a pensar que la inmigración es un problema de todos y de todas, esa que es incapaz de ver por el ojo del quien sufre, esa población insolidaria, vacía y facha, pero encima ignara.
¿Por qué digo esto? 
 Porque el 60% del crecimiento de la economía española en la última década se puede asignar a la inmigración (1,2%). Es inadmisible negar que la inmigración ha sostenido la actividad económica, incluso durante la crisis. Sin inmigración la salida de la crisis se hubiera retrasado pues el saldo fiscal de la inmigración llegó a representar el 50% del superávit del conjunto del sector público, con más de 5.000 millones de euros anuales. Y no, no reciban más ayudas sociales, pues de acuerdo con Amnistía Internacional el uso por personas extranjeras del Sistema Integrado de Usuarios de Servicios Sociales no pasa del 12,5%. Tampoco quitan el trabajo a los españoles, porque desempeñan trabajos que nadie quiere. Y mucho menos tienen una paga. Lo que tienen cuando salen de Ceuta sin trabajo, sin la solicitud de asilo o de los permisos que contempla la Ley, es una orden de expulsión. Realmente la orden de expulsión es inmediata, pero como Marruecos en este caso reniega la repatriación, y como el tiempo máximo en una comisaría es de 72 horas, se crearon los CETI o los CIE donde no deberían estar más de 40 días, aunque debido al colapso administrativo hay quienes llevan meses. Una vez que salen pueden ser expulsados en cualquier momento. 
Por tanto, dejemos de mentir con falacias sobre los efectos de la inmigración irregular pues ésta es una tragedia y un problema no sólo para los países de tránsito o de origen, sino para los propios inmigrantes que vienen engañados por las mafias, a las que hay que exigir su persecución penal debido los efectos para los estados y porque los derechos más elementales de los migrantes corren serio peligro de lesión, no sólo por las formas en que se lleva a cabo el transporte sino por el futuro patentemente discriminatorio que van a tener, como prueba de ello es todo lo que estamos viviendo en estos días. 
Vergüenza de racismo. 
Vergüenza de cinismo.
Vergüenza de prepotencia y superioridad.
Y vergüenza de apropiación de los cuerpos y fuerzas de seguridad, a los que desde aquí les quiero mandar toda mi solidaridad y apoyo.
Soy roja, si, pero no insensata.

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