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Lunes, 20 de agosto de 2018

Juanjo Coronado
Lunes, 23 de julio de 2018
Bajo el signo de Luperca

Leña verde

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Corona de azufre para provocar la muerte por asfixia al margen, el único gesto de clemencia que podía esperar quien era condenado a morir en la hoguera era que la leña fuera seca. Ardía más rápido y ahorraba un par de horas en el tormento. A veces, el sadismo de los tribunales llegaba hasta el punto de ordenar que se encendiese el fuego mortuorio con leña verde y, a ser posible, mojada. Era la manera de acrecentar el martirio y añadir un punto más de sufrimiento al Miguel Servet, Juana de Arco o Jacques de Molay, el último templario, de turno.

 

El pasado fin de semana, Ceuta ardió a fuego lento. Y no nos rasguemos las vestiduras: a todos nos duele, pero a nadie le puede sorprender. Si sorprende el dato que servidor desconocía hasta este lunes, facilitado por José Manuel Pérez Rivera: llevamos para elaborar un plan forestal desde 1934. Si: desde la II República.

 

 

Ello, al margen de que el incivismo crece en Ceuta durante los últimos años como los expertos futbolísticos en cada mundial. Ello, al margen de la sequía y de la plantación de eucaliptos: árboles preciosos, si, pero en su entorno. Y por supuesto, de los cortafuegos y los medios coercitivos -si se tercia- ni hablamos.

 

Sin embargo, en toda catástrofe hay indicios para la esperanza. Para no perder la fe en el ser humano. Para la capacidad de organizar, en cuestión de minutos y a través de WhatsApp o redes sociales, un dispositivo perfectamente coordinado que permita evacuar la Protectora. Para aquella empresa -Grand Max- que sirve altruistamente la cena del sábado a treinta personas en el “Antonio Campoamor”. Para tanta gente que se ofrece a apagar el fuego por si a los profesionales del asunto les flaquean las fuerzas. Para los pilotos de motos acuáticas que, lejos de lo que se cree en un primer momento, no sólo no estorbaron sino que facilitaron la labor de los pilotos de hidroavión, según me cuenta uno de ellos.Para la coordinación -perfecta- entre administraciones, fuera por el despliegue de la UME o por la llamada de Pedro Sánchez a Juan Vivas para ofrecer lo necesario. Y por último, para los profesionales de todos los organismos implicados. Me rio cuando el cuñado medio critica que los bomberos estén todo el tiempo jugando al fútbol o en el gimnasio durante las guardias. ¿Ven lo que pasa cuando tienen demasiado trabajo?. En definitiva, Ceuta es un gran pueblo. Nos falta creernoslo a diario, y no sólo cuando se nos arrebatan de cuajo 7.200 hectáreas.

 

 

De los rumores no diré nada; en tiempos de redes sociales el “me han dicho que” es el equivalente a quien delataba o iba a la hoguera en la época de la inquisición como espectador, por morbo o temor a verse algún día atado a un tronco humeante. De la autoría, que trabajen los Cuerpos de Seguridad y la Justicia. Pero no esperen, caso de ser provocado a conciencia, explicación lógica. Se cuenta que Nerón tocaba el arpa mientras ardía la Ciudad Eterna y Juan Calvino no asistía a las ejecuciones que el mismo ordenaba. Se sentaba comodamente en la ventana de su casa y sonreía al ver el humo cubrir el cielo de Ginebra.

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