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Sábado, 18 de agosto de 2018

Sandra López
Miércoles, 2 de mayo de 2018
OPINIÓN

La izquierda no puede alejarse de la laicidad y Ceuta no es diferente

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Noticia clasificada en: ceuta noticia noticias noticias ceuta

Es curioso comprobar el hecho que produce el tener que defender una posición, aunque sea en contra a un ideario, pero más extraño es observar cómo lo hace aquel que durante un suceso sí quiso apostar por unos supuestos principios, aunque eso costara ir a unas segundas y terceras elecciones. Y lo hace hablando de responsabilidad, esa misma responsabilidad que no tuvieron en la Investidura, por poner únicamente un ejemplo reciente.

Ahora resulta que defender la laicidad en Ceuta es un gesto insensato de cierta izquierda, es un gesto irresponsable de quienes no tenemos dos dedos de frente, que hemos decidido dar la espalda a un colectivo oprimido, y que tenemos que leer más o, al menos, hacer caso a una lista de autores, como si nosotros y nosotras no pudiéramos tener unos  pensamientos propios.

 

Irresponsabilidad es enfrentarnos con un colectivo. Irresponsabilidad es ser populista y defender un discurso fácil para esperar el aplauso amigo de quién luego tiene que sustentar el poder. Irresponsabilidad es pensar más en un partido que en el interés general. Irresponsabilidad es no asumir unos principios y defenderlos hasta el final, siempre con sentido de Estado. Un Estado que tiene que estar alejado de la religión, y eso no lo dice la izquierda que se intenta ridiculizar, eso lo dice la Constitución. 
 

Y precisamente por ser Ceuta una ciudad intercultural, es donde más se tiene que poner en valor la laicidad, que no es lo mismo a hostilidad, enfrentamiento o indiferencia, sino todo lo contrario, una laicidad compatible con la cooperación y el respeto a todas las confesiones religiosas, dentro de la libertad religiosa y la neutralidad del Estado. La laicidad de las instituciones públicas es la mejor garantía para una convivencia. 
 

Y no, los centros educativos jamás deben de ser espacios ni compartimentos separados donde el alumnado se reparte según unas creencias impuestas desde el hogar. Los centros educativos son espacios para trabajar el pensamiento crítico, la ética, la filosofía y los valores que ofrecen una enseñanza, una enseñanza donde no se puede discriminar, mucho menos ser el cultivo del racismo. Hay que educar sin dogma, en valores humanistas, no sexistas y universales, en la pluralidad y en el respeto a los derechos humanos. 
 

La izquierda en la que creo tiene que tener el valor suficiente para saber invertir el orden establecido de las cosas y conjugar lo normal con lo ideal. Que únicamente se de la religión cristiana en los Institutos es una injusticia en decremento de otras confesiones, pero esta desigualdad de acceso al "conocimiento subjetivo" no se erradica asentando la religión musulmana, se acaba unificando fuerzas y criterios para plantar, de cara al sistema, un pacto educativo igualitario, laico y público.
 

¿Qué es difícil? 
 

Igual de difícil que acabar con el patriarcado y por esa misma regla de tres no se nos ocurre subirnos al carro del machismo y dar por aceptado comportamientos misóginos normalizados, por eso de sentir que vamos a contracorriente de una sociedad que, visto lo visto, necesita más puntos discordantes con voluntad real de cambiar las cosas que nos denigran como una sociedad decente.  
 

Clara Campoamor lo sabía muy bien.

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