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Sábado, 16 de diciembre de 2017
Alejandro López Chicon
Jueves, 30 de noviembre de 2017
Odio eterno al furbo moderno

Copa Libertadores

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Tras el triunfo en la final de Copa Libertadores entre el equipo Carioca de Gremio y el equipo del barrio bonaerense de Lanús,  me parece el momento idóneo para hablaros de la competición de clubes más antigua del mundo. Una competición que en las últimas diez ediciones, veinte equipos han jugado las respectivas finales, muchos de ellos por primera vez como Nacional de Paraguay, Independiente del Valle de Ecuador y el propio Lanús de Argentina. Pero si ahi algo por lo que encandila la Libertadores es por su gran número de anécdotas. Antes del nacimiento, hay que hablar del enamoramiento de las distintas federaciones sudamericanas, el antecedente de la Copa Libertadores fue la Copa Competencia que se creó en 1900 y solo podían jugar equipos de Buenos Aires, Rosario y Montevideo, más tarde la federación chilena siguió la historia creando en 1930 la Copa de Campeones de América y que abría las puertas a los equipos brasileños. Sin embargo fue en 1958, cuando se sentaron las bases de la competición que se inició en 1960 y lleva su nombre en homenaje a los héroes de la historia sudamericana: Simón Bolívar, José de San Martín, Pedro I, José Bonifácio, Bernardo O'Higgins, José Artigas, entre otros.

El primer campeón fue Peñarol de Montevideo ganando en la final al equipo paraguayo de Olimpia que ostenta el récord de haber llegado a una final en cada década Equipos míticos han jugado esta competición como el Santos de O,Rei Pelé, El estudiantes de Zubeldía con Bilardo de pupilo del cual contaremos alguna anécdota o del Club Atlético Independiente de Avellaneda, uno de los cinco grandes de Argentina y el que más títulos ostenta con siete. Pero ante todo e insisto en ello, la Copa Libertadores son y seran ANÉCDOTAS.

El Justiciero

En 1981, Flamengo poseía un verdadero equipazo y no tuvo dificultades en clasificar a la final de la Copa Libertadores ante el chileno Cobreloa. Pero pocos jugadores de aquel equipo gozan de un prestigio tan duradero como el limitado y esforzado Anselmo, El Justiciero. En el partido de ida, jugado en el Maracaná, Flamengo se impuso por 2-1. Y entonces fueron a Calama, en Chile, para el encuentro de vuelta. En un clima sumamente tenso, el juego devino en una verdadera batalla. Al centrocampista Lico casi le arrancaron una oreja, y Adilio casi perdió un ojo por un profundo corte en el arco superciliar, y la denuncia fue unánime: el zaguero chileno Mario Soto estaba jugando con una piedra en un puño, y llevó a la lona a todos los que le pasaron cerca. Cobreloa ganó por 1-0. El partido de desempate se efecten el estadio Centenario de Montevideo. Sin presión, Flamengo no tuvo problemas para imponerse por 2-0. Sobre el fin del enfrentamiento, Soto noqueó a Zico y puso fuera de combate al atacante Tita. En ese momento, el entrenador del Flamengo, Paulo César Carpegiani, tomó una decisión radical. Anselmo era un centrocampista sin brillo, acostumbrado a calentar su lugar en el banco de reservas. Carpegiani lo llamó y le dio la orden clavé: “Anselmo, vaya y rómpale la cara al defensa Mario Soto”. Obediente, Anselmo firmó el registro, entró al terreno, corrió 60 metros y le aplicó a Soto un nocaut fulminante con un recto de derecha en la mandíbula. Casi sin detener su carrera, Anselmo fue directo a los vestuarios, sin esperar por la tarjeta roja de expulsión.

Bilardo, El Terrible

El anecdotario se nutrió también con los equipos argentinos, en especial con Estudiantes de La Plata, dirigido entonces por Osvaldo Zubeldía e integrado, entre otros, por Carlos Salvador Bilardo Volante de pierna fuerte y dientes apretados, Bilardo se constituyó en toda una leyenda que lo identificó como el niño terrible del momento, que entraba a la cancha con alfileres y tiraba tierra a los ojos de los porteros contrarios. Cuando los partidos eran verdaderas batallas campales, en la década de los 60, y la televisión no cumplía aún su efecto multiplicador, la Copa conoció jugadores como el uruguayo José Sasía (compañero de Alberto Spencer en Peñarol y máximo goleador del torneo en la actualidad) quien, sentado sobre la pelota en el centro del campo del estadio asunceño de Puerto Sajonia (hoy Defensores del Chaco), se comía las naranjas que una furiosa hinchada paraguaya le arrojaba. Esto es la Libertadores, y su famoso cántico al revés que en Europa, la copa, la copa se mira y no se toca.

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